Un descomunal aluvión ha transformado por completo la realidad de Cantzama, una zona rural perteneciente al cantón Zamora, en el sur de Ecuador. El fenómeno natural, registrado de forma repentina en apenas unos minutos, sepultó casi en su totalidad a este pequeño poblado. El balance preliminar de la emergencia es desolador: se reportan nueve personas fallecidas, cientos de damnificados y una intensa búsqueda de desaparecidos en la que se incluye a la máxima autoridad política de la provincia de Zamora Chinchipe.
Las complicaciones climáticas iniciaron el pasado viernes con una intensa y prolongada lluvia en la región. Las precipitaciones sostenidas desencadenaron lo que hoy se cataloga como una de las catástrofes más graves en la historia reciente de Zamora y, específicamente, de este pequeño asentamiento de la parroquia Guadalupe. Los habitantes del sector han comenzado a relatar las estremecedoras vivencias de la madrugada en que el lodo lo cubrió todo.
Testimonios del horror en la zona cero
Darío Ortega, un ciudadano que se encontraba de visita donde unos amigos en Cantzama al momento del desastre, presenció de forma directa el inicio del aluvión. Ortega relató que, al mirar en dirección al río, divisó una inmensa e imparable masa compuesta por agua, piedras de gran tamaño y troncos que descendía con una violencia extrema, arrasando cualquier estructura a su paso. El testigo manifestó que jamás podrá olvidar aquella madrugada, detallando que la fuerza de la lluvia era algo inédito para él. Ante el peligro, pensó inicialmente en resguardar sus pertenencias subiéndolas a la terraza de la vivienda para salvar el esfuerzo de toda su vida, una acción que finalmente resultó inútil frente a la magnitud de la corriente, logrando salvarse únicamente por instinto de supervivencia.
La desesperación de Ortega se agudizó al percatarse de que su hijo había desaparecido en medio del caos. Sin medir los riesgos, el ciudadano regresó hacia el epicentro del deslave para iniciar una angustiosa búsqueda, logrando localizar al menor con vida pocos minutos después sobre un montículo de tierra. Tras el emotivo e instantáneo reencuentro, ambos decidieron incorporarse de inmediato a las labores de auxilio para rescatar a otras personas que permanecían atrapadas por la emergencia. Sin embargo, el dolor marca el testimonio de Ortega, quien confesó el trauma de no haber podido salvar a varios familiares de su esposa, argumentando que la corriente los arrastró frente a sus ojos, una imagen que describió como imborrable.
Autoridades desaparecidas y labores de rescate
La emergencia mantiene movilizadas a unas 150 personas, un contingente integrado por equipos estatales y voluntarios civiles que remueven piedras y lodo en busca de sobrevivientes y ciudadanos extraviados. Entre las personas desaparecidas de las cuales se desconoce su paradero consta la propia gobernadora de la provincia de Zamora, Ivonne Panchi.
El ciudadano Darío Ortega rememoró que, durante los primeros minutos de la catástrofe, sostuvo una breve conversación con la funcionaria. En ese diálogo, la gobernadora le manifestó textualmente: "Mi estimado, en pocas horas llegará un equipo de bomberos y maquinaria para ayudarles". Posterior a este intercambio, Ivonne Panchi continuó con su recorrido de inspección a pie por los sectores afectados por el deslave, momento desde el cual se perdió el contacto con ella. Junto a la gobernadora, también se reporta la desaparición de dos funcionarios públicos que conformaban su comitiva de trabajo: su escolta, Luis Granda, y la comunicadora institucional, Mayuri Ortiz.
Escenario de devastación y controversia por el origen del aluvión
El panorama actual en la denominada zona cero muestra calles totalmente cubiertas por espesas capas de lodo, árboles arrancados de raíz, viviendas reducidas a escombros y rocas gigantescas dispersas por el territorio. El balance más reciente emitido por la Secretaría de Gestión de Riesgos cuantifica más de 50 viviendas completamente destruidas y un aproximado de 500 personas afectadas de forma directa por el evento.
La tragedia también ha abierto un punto de discrepancia respecto al origen técnico del aluvión. Mientras la Secretaría de Gestión de Riesgos señaló en sus informes que el desastre fue ocasionado por el desbordamiento del río Zamora, los habitantes de la comunidad afectada sostienen firmemente que el afluente que realmente se desbordó y causó la destrucción fue el río Cantzama. Asimismo, se ha hecho notar que Cantzama es una población rural de la parroquia Guadalupe donde se ha evidenciado de forma constante la práctica de minería ilegal en las márgenes del río homónimo, un factor ambiental bajo el escrutinio público.
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En el sitio del desastre, el trabajo de rescate no se ha interrumpido. Cuerpos de bomberos, efectivos militares, agentes de la Policía Nacional, equipos especializados de rescate y decenas de voluntarios civiles trabajan continuamente removiendo toneladas de tierra. Cada maniobra de excavación de la maquinaria mantiene en extrema tensión a los familiares, quienes esperan en silencio cualquier indicio que ayude a dar con el paradero de sus seres queridos. Entre las capas de lodo y rocas también permanecen atrapados múltiples vehículos; algunos fueron arrastrados por la fuerza de la corriente y otros resultaron totalmente enterrados y destruidos por el impacto de los materiales.
Otro de los sobrevivientes, Fernando Angamarca, relató cómo logró ponerse a buen recaudo junto a su núcleo familiar. Angamarca explicó que notó un comportamiento inusual y extraño en el caudal del río, lo que le hizo sospechar del peligro inminente. La decisión de evacuar su propiedad minutos antes de que bajara el aluvión fue el factor determinante que salvó sus vidas. Al retornar horas después para evaluar la situación, el ciudadano constató que su vivienda había desaparecido, encontrando en su lugar únicamente lodo, piedras y escombros.

